[INSTANTÁNEA]

 

              La vida sigue andando al fondo
de las fotografías. Sólo
se detiene en el gesto
de los protagonistas, en la luz oblicua
de los primeros planos.
                                                         Queda
inmóvil esa mano que no acaba
de completar el ademán y la forzada
sonrisa y la mirada
petrificada y vacua y algo huidiza,
sabiéndose ya pasto de recuerdo.
Y quedan muertos los objetos y el piano
pierde su resonancia y la cortina
y el reloj y los muebles abandonan
sus deberes. Todo queda
varado en esta orilla.

           Pero si conseguimos adentrarnos
por la ventana que ilumina
la escena, caminando
despacio, y ver de cerca el fondo
irrelevante y algo desvaído
de la fotografía,
comprobaremos cómo, imperceptiblemente,
el tiempo va cambiando y ya verdean
los árboles y un pájaro
se ha posado en la rama salediza
y alguien ha abierto los postigos
del balcón de la casa abandonada.

 

 

(2007) De "Los dominios del cóndor "

 

 

           [MUSEO DEL AIRE]

 

 

            Toma en sus manos el cincel y, solo,
de poder a poder, se enfrenta
con la piedra.
                   Y la va desbastando,
y mete en puntos una idea,
da solidez a un pensamiento.

            Mas, a medida que perfila el rictus
de los labios, el pliegue
o la arruga del manto, va esculpiendo
también el aire que rodea
la naciente escultura,
va modelando lo incorpóreo, el hueco
reflejo de las mismas formas.

           Esos huecos son los que busco, ese
Moisés, esa Piedad, que andan vagando
por no sé dónde y que quisiera
poder un día contemplar.
¡Qué museo del aire! ¡Qué esplendente
galería de estatuas
magistrales, sin las imperfecciones
de la materia, sólo el alma
intangible, el espíritu
de cada obra!

 

(2007) De "Los dominios del cóndor "

 

 

       [ETERNIDAD SUCESIVA]

 

 

                              

             Crece el amanecer, mojado
de oscuridad y lluvia.
Cede una rama y su crujido
pone en vilo el silencio. Los abetos
y las hayas gotean
una humedad brillante y, bosque adentro,
va creciendo el rumor de las cascadas
que caen sobre los lagos de Plitvice.

            La eternidad de un lago se derrama
en otra eternidad, que a su vez cae
en otra y otra en una sucesión
de transparencias verdes, represadas
por viejos troncos abatidos.
Es el sinfín de una belleza
que a sí misma se sucede.

            Entre cascadas y entre lagos,
por el frescor sonoro que humedece
las altas peñas, con un fondo
de líquenes y algas, hay senderos
umbríos, pasaderas, puentes mínimos
que atraviesan la fronda.
A veces, unos rayos desgajados
de un más allá de luz, de un más arriba
de cielo adivinado apenas,
acuchillan el gozo de sentirse
testigo y parte de esta suntuosa
ceremonia de la naturaleza.
             La eternidad no es una. Cada lago
se remansa en su propia y sucesiva
eternidad verde azulada, bajo
un revuelo de claridades, visos
y reflejos dorados.

 

 

(2007) De "Los dominios del cóndor "

 

 

 

 

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