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On his work (Reviews, Criticism…)

  Federico Carlos Sáinz de Robles: "Al margen de los libros". Diario Madrid. Madrid, 13 de febrero 1958.
  José-Miguel Ullán: "Canto a la esposa". El Adelanto. Salamanca, mayo de 1963.
  Melchor Fernández Almagro: "Palabra, gesto, silencio". La Vanguardia Española. Barcelona, 9 de diciembre 1965.
  Guillermo Díaz-Plaja: "Hombre en paz". ABC. Madrid, 5 de mayo 1966.
  Angel Valbuena Prat: Historia de la Literatura Española. Tomo IV. Editorial Gustavo Gili S.A. 8ª edición. Barcelona, 1968.
  José Luis Ortiz de Lanzagorta: "Aproximación a los 'Límites' de Rafael Guillén". El Correo de Andalucía. Sevilla, 17 de diciembre 1971.
  Emilio Miró: "Rafael Guillén". Insula, nº 311. Madrid, octubre 1972.
  Carlos Muñiz-Romero. Seis poetas granadinos posteriores a García Lorca. Biblioteca de Escritores y Temas Granadinos. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1973.
  Carlos Muñiz-Romero: "Introducción a la poesía de Rafael Guillén". Prólogo a la Antología Poética (1953-1970). Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Colección de Bolsillo, núm. 19. Sevilla, 1973
  Fanny Rubio: "Rafael Guillén, poeta de posguerra". Diario Ideal. Granada, 11 de noviembre 1973.
  Emilio Miró: "Tres poetas del Sur". Insula, nº 338. Madrid, enero 1975.
  Juan de Dios Ruiz-Copete: "Rafael Guillén: un libro y una ejecutoria poética". Litoral, nº 85-86-87 (monográfico dedicado al poeta). Torremolinos (Málaga), julio 1979.
  Enrique Molina Campos: "La elocuente sabiduría de Rafael Guillén". Nueva Estafeta, nº 13. Madrid, diciembre 1979.
  José Luis Cano: "Un tema en la poesía de Rafael Guillén: la erosión del tiempo en el amor". Poesía española en tres tiempos. Editorial Don Quijote. Granada.
  Mª. del Pilar Palomo: "Poetas de los cincuenta". Historia Crítica de la Literatura Hispánica. Vol. 21. La poesía en el siglo XX (desde 1939). Editorial Taurus. Madrid, 1988
  Julia Uceda: "La poesía de Rafael Guillén". Insula, nº 514. Madrid, octubre 1989.
  Pilar Gómez Bedate: "La poesía española de postguerra (1940-1970)" Historia de la Literatura Española. Vol. II. Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1990
  Elena Barroso: Poesía Andaluza de Hoy (1950-1990). Biblioteca de Cultura Andaluza. Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla, 1991.
  Antonio Buero Vallejo: "Rafael Guillén". Obra completa. Tomo II. Espasa Calpe. Madrid, 1994.
  Antonio Gallego Morell: "Rafael Guillén". Diario Ideal. Granada, 15 de noviembre 1994.
  Ramón Oteo: "La puridad de la materia en la poesía de Rafael Guillén". Salina, nº 8. Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 1994
  Angel L. Prieto de Paula: Poetas españoles de los cincuenta. Ediciones del Colegio de España. Salamanca, 1995.
  Antonio Enrique: "Los estados transparentes, de Rafael Guillén". Insula, nº 577. Madrid, enero 1995.
  Francisco J. Peñas-Bermejo: "La configuración de lo perdido en la poesía de Rafael Guillén". Alaluz, año XXVII. nº 2. University of California. Riverside (USA), otoño 1995.
  Julia Uceda: "Anotaciones para una lectura de la poesía de Rafael Guillén". Prólogo a La configuración de lo perdido (Antología 1957-1995). Edita Sdad. de Cultura Valle Inclán. Col. "Esquío". Ferrol, 1995.
  Antonio Aróstegui: "Versos al aire libre". La vanguardia cultural granadina 1950-1960. Biblioteca de Ensayo, nº 10. Fundación Caja de Granada. Granada, 1996.
  Manuel Jurado: "Recuperación de lo perdido". Diario Córdoba (Suplemento "Cuadernos del Sur"). Córdoba, 14 de marzo 1996.
  Antonio Acosta Gómez: "Entre el fuego y el humo". La Estafeta Literaria, nº 5-6. Madrid, 1998.
  Francisco J. Peñas-Bermejo: "El asedio a los límites en la poesía de Rafael Guillén". Introducción a la nueva versión revisada y ampliada de Los estados transparentes. Edit. Pre-Textos. Valencia, 1998.
  Juan Cobos Wilkins: "La materia hialina de Rafael Guillén". El País (Suplemento "Babelia"). Madrid, 6 de febrero 1999.
  Abel Feu: Panorama de la poesía andaluza desde la postguerra hasta la actualidad. Col. Educación XXI (Pensamiento, nº 7). Consejería de Educación y Ciencia. Junta de Andalucía. Sevilla, 1999.
  José Manuel González: El viento entre los juncos (Libros y autores para el cambio de siglo). SIAL Ediciones. Madrid, 1999.
  Fernando Sánchez Alonso: La memoria que ellos me dejaron. Semblanzas de 50 poetas del siglo XX. Edit. VIMASA. Madrid, 2000.
  Antonio Chicharro: "Rafael Guillén: memoria y poesía". Extramuros, nº 22. Granada, 2001.
  Michael Yates: "I'm Speaking: Selected Poems. By Rafael Guillén". www.Alsop Review. U.S.A., november 2001. Reproducida en español en Ficciones, nº 9. Granada, 200
  Stephen Dobyns: "I´m Speaking: Selected Poems by Rafael Guillén". Harvard Review, nº 22, Cambridge, MA, U.S.A. 2002

 

 

 

 

Rafael Guillén me parece poeta más propenso a lo hondo que a lo episódico y colorista. Tiene y transmite inquietudes fundamentales de sensibilidad y de alma; hace de su lirismo sugerencia y no plasticidad, y delata la noble obsesión con que va esclareciendo sus ideas e ideales para integrar con ellos la ejemplaridad de su confesión.

                Federico Carlos Sáinz de Robles: "Al margen de los libros". Diario Madrid. Madrid, 13 de febrero 1958.

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            Emocionado conceptismo, anclado en un espíritu de fabuloso contenido expresivo. Verso ancho, desligado de límites inútiles, pero preciso... Polemizar ante la nueva poesía puede aportar dudosos tantos al valor crítico. Pero siempre he preferido silenciar en su totalidad lo que no me es grato, sin prestarle atención. En Rafael Guillén puedo hablar con satisfacción. Hallo en él una altura cabal, una expresión feliz a cada paso, un rigor poemático llevado con ritmo dolido, que se desliza sentidamente.

                José-Miguel Ullán: "Canto a la esposa". El Adelanto. Salamanca, mayo de 1963.

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            Su poesía posee la fuerza expansiva que le comunica ese repertorio de asuntos, culminantes en una depurada espiritualidad, comunicable en principio y comunicada de hecho por la transparencia de la palabra y su inserción en cristalina frase. El lenguaje figurado, tan frecuente, por no decir consustancial, en todo poeta de calidad, no enturbia la diáfana expresión. Ya que hablamos concretamente de "El gesto", se hace perfectamente lógica la alusión a los recursos expresivos cuyo íntimo sentido estriba, cuando se logra, no en la palabra misma, sino en ese algo que no suena, por definición, y que sin embargo halla en lo más profundo del ser adecuada expresión.

                Melchor Fernández Almagro: "Palabra, gesto, silencio". La Vanguardia Española. Barcelona, 9 de diciembre 1965.

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            A mí me parece que uno de los elementos-clave de la temática lírica de Rafael Guillén es el "gesto": es decir, la materia en cuanto es capaz de una actitud. El hombre, el prójimo, se significa por su gesticulación: sería interesantísimo aportar -pero alargaría en exceso- ejemplos de la valoración del gesto en esta poesía, que va desde el ademán fraterno, que aproxima, al movimiento que se aleja, que es el morir.

                Guillermo Díaz-Plaja: "Hombre en paz". ABC. Madrid, 5 de mayo 1966.

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            En este lema (Mujer, límite y fuga, y silencio de Dios) considero inscrito a uno de los mejores poetas actuales, Rafael Guillén, nacido en 1933 -centenario de Cristo- y en Granada... Por todo lo apuntado, desde su amor humano, tanto en límite como en fuga a esta inquietud metafísica, y por el dominio expresivo y formal, Guillén es un verdadero  y constante poeta, y una plena representación de lo individual en la circunstancia de toda una época.

                Angel Valbuena Prat: Historia de la Literatura Española. Tomo IV. Editorial Gustavo Gili S.A. 8ª edición. Barcelona, 1968, pág 1109 a 1113.

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            El "Estado de Palabra", para Rafael Guillén, se produce al contacto con una "marejada", con una "lluvia", con un "velo de agua", "bruma" o "mano opaca"... Proceso intuitivo donde las palabras significan algo más que objeto, el sentido incontenible de su objeto... Intuición poética, por tanto, que en Guillén (moderadamente barroco en la forma, andaluz oriental y sobrio) se fundamenta en esencias conceptuales. Ahora bien, la identificación de estos valores significativos (el uso de la expresión poética en ellos contenidos), adquieren en Guillén categoría técnica de poeta de gran aliento. Una, digamos, sabiduría idiomática, quizás en parte sin predominio de lo consciente, pero que hace evidente su instinto -su lúcido instinto- para articular la sustancia misma de la expresión. Un olfato, un rastreo, un asedio del signo lingüístico fundido, articulado más allá de su objetivo instrumental, a ese sentido incontenible que decíamos antes, transciende el objeto mismo que la palabra menciona.

                José Luis Ortiz de Lanzagorta: "Aproximación a los 'Límites' de Rafael Guillén". El Correo de Andalucía. Sevilla, 17 de diciembre 1971.

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            Dividido en cuatro partes -"Céfiro", "Noto", "Euro" y "Bóreas"-, cada una abierta con sendas citas de Homero y Góngora, Los vientos se arropan en ese universo de la cultura occidental, de la tradición literaria que llamamos clásica o greco-latina. Pero la palabra del poeta de hoy surge directa, inmediata, con sabores y olores de su sur nativo, y construyendo un poemario de amor. En la fusión de ambas realidades reside lo más personal y logrado de este libro... Léxico concretísimo que está siempre equilibrando el tirón del intelectualismo, de una cierta abstracción a la que puede propender la meditación y el análisis del amor, de la complejidad del hecho amoroso... La realidad, la presencia de la carne alcanza en Los vientos algunos de los mejores momentos de la poesía española de estos años. El poema VI de la tercera parte puede servir de admirable ejemplo (sexta estrofa). Y a continuación, uno de esos versos magistrales, estremecedores, que nos dan ellos solos a un poeta de cuerpo entero, de verdad:

            Yo palpaba tu abrazo por mis alrededores,

            pero el amor no estaba donde estaba tu abrazo.

                Emilio Miró: "Rafael Guillén". Insula, nº 311. Madrid, octubre 1972.

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            Rafael ni huye ni se queda, asciende. Se levanta hacia arriba. Mira desde lo alto. Se nos sitúa en los límites. Federico decía que la más exacta definición de Granada es aquello de Pedro Soto de Rojas: "paraíso cerrado para muchos". Tal vez, desde los versos de Guillén, más a vuelo de águila, podamos, al menos, entender los sumos lizos maestros, las constantes fundamentales, las coordenadas en que se ha ido haciendo, con los valores de cada día, esta gráfica dolorida y airosa que es la poesía granadina posterior a García Lorca.

                Carlos Muñiz-Romero. Seis poetas granadinos posteriores a García Lorca. Biblioteca de Escritores y Temas Granadinos. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1973, pág. 71.

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            El poeta, a punto de cumplir los cuarenta años.... ha pasado por una primera época de regodeo en la palabra, una segunda época de predominio de lo que él llama imagen (y que es un pespunteo obstinado de ráfagas de luz) y una tercera época de creación de climas. Ahora se halla, a partir de Los vientos (editado por "Revista de Occidente) y de Límites (editado por "El Bardo"),en una cota inaccesible a la mayoría, en esa extraña altura de lo que llamaremos "el aliento poético"... Las otras clasificaciones de su poesía, según la temática (amorosa, social, existencial-metafísica) son, para Rafael, menos reveladoras de su actitud existencial. De todos modos, creo que tienen su importancia.

                Carlos Muñiz-Romero: "Introducción a la poesía de Rafael Guillén". Prólogo a la Antología Poética (1953-1970). Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Colección de Bolsillo, núm. 19. Sevilla, 1973, pág. 5 a 24.

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            Lo singular de Rafael Guillén a sus veinte años, es que, aun conociendo la existencia de este movimiento ("el destino social de la poesía") y la dinámica de esta poesía dirigida... se entregaba fundamentalmente al monólogo reflexivo, a la experimentación con los elementos tradicionales del poema. Lo singular de Guillén era que sin quemar etapas alternaba sus sonetos de amor con el poema "descosido". Esta complejidad lo libró de seguir modas literarias, construyendo, a base de convicciones progresivas, la imagen de un poeta autónomo, sin seguidismos oportunistas, aunque limitado -como todos- por las coordenadas socio-culturales del medio... Que en Granada hubiese un poeta capaz de ser consciente de su problema, y que además lo expresase, en aquellos años en que el panorama cultural de provincias no sólo no era crítico, sino ni mucho menos floreciente... dice mucho frente al marasmo de promoción estética en que estaban implicados los seguidores de una poesía optimista, de creencia... El año 1964 es una fecha clave para la poesía de Rafael Guillén. Gesto segundo y Tercer gesto dan la medida de compromiso del poeta. Es este mismo año cuando desde Granada, como tantas provincias desconectada del penúltimo viento literario, la poesía de Rafael Guillén tiene conexiones palpables con aquella Poesía última que bajo la dirección de Ribes recogía la voz de Cabañero, Claudio Rodríguez, Sahagún, Caballero Bonald, López Pacheco y Goytisolo.

                Fanny Rubio: "Rafael Guillén, poeta de posguerra". Diario Ideal. Granada, 11 de noviembre 1973.

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            La lengua poética de Rafael Guillén ha evolucionado en este sentido, se ha ido haciendo más necesaria y justa, más intensa y complejamente intelectual, conceptual, sin perder por ello su riqueza y su calidad, su sabor y sus brillos; pero algunos de éstos, los más superficiales y gratuitos, se han ido eliminando, han ido dejando terreno a una exactitud significativa, a unos signos de mayor calado. Se ha vuelto, además, el poeta sobre el propio lenguaje, sobre la misma creación poética, sobre el proceso pensamiento-expresión o lenguaje y pensamiento. Su libro Límites -que lleva al frente estas reveladoras palabras: "Crear, en arte, es forzar los límites de lo perceptible"-, y muy especialmente los dos primeros poemas, me parecen testimonios evidentes de esta madurez creadora, de esta cada vez mayor ambición poética de Rafael Guillén, quien  aborda la realidad -como la más importante poesía de nuestro tiempo y de todos los tiempos- en toda su amplitud, en la fecunda alianza de la razón y la imaginación, sin desdeñar la insondable penumbra del misterio.

                Emilio Miró: "Tres poetas del Sur". Insula, nº 338. Madrid, enero 1975, pág. 6.

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            Con principio en sí mismas o consecuencia de procesos artísticos anteriores, en la década de los sesenta se van a imponer con carácter hegemónico dos tendencias fundamentales: la esteticista y la social. A grandes rasgos ésta es la gran disyuntiva ante la cual ha de plantarse Rafael Guillén al entrar en la poesía. ¿Qué pasa entonces? ¿Optará por una de ellas, la social, que parece más espectacular y más propia de los temperamentos jóvenes, o se dejará arrastrar por la otra -la estética-, tremenda tentación para las sensibilidades sometidas al tironazo meridional? Aunque una aproximación eventual a su obra de entonces pueda inducir a la creencia de que optó categóricamente por una tendencia determinada -desde una cierta perspectiva evidentemente la social, desde otra la estética, sin duda- es lo cierto que se quedó entre ambas, que logró una equidistancia que le permitió extraer de ambas, de cada una de ellas, su carácter esencial, y con esos materiales ambientales, sobre una estructura muy personal -una concepción de la poesía sobre la palabra, la imagen, el aliento y el clima- se aplicó sin prisa, serenamente, a construir su propio edificio poético.

                Juan de Dios Ruiz-Copete: "Rafael Guillén: un libro y una ejecutoria poética". Litoral, nº 85-86-87 (monográfico dedicado al poeta). Torremolinos (Málaga), julio 1979.

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            Pues bien, la situación existencial que acabamos de ver en sus tres componentes principales (el abanico de temas de Moheda no se agota con los que he esbozado) provoca y conduce un estado de ruptura con el discurso lógico en que hasta ahora se había venido formulando la poesía de Guillén... Es una ruptura que abarca lo semántico, lo sintáctico y lo estructural del poema. En lo semántico, hay una renovación fundamental del léxico, con entrada de abundante vocabulario rural andaluz y, a la vez, de materiales intelectuales y abstractizantes; hay también neologismos por composición y por derivación, así como la sustantivación de grupos nominales y de predicados verbales, y la  adjetivación de sustantivos. En lo sintáctico se tiende a la interrupción del desarrollo oracional y, muy intensamente, al entrecruzamiento de oraciones paralelas, con lo que, unido al empleo casi constante de las diversas formas del interrogativo, la expresión se hace balbuciente, cortada, desconexa. De hecho se constituye un tipo de efusión caótica que sólo aparentemente se aproxima al irracionalismo o a lo surreal, pues está dispuesta con visible orden intelectual, no exento, a veces, de hermetismo. El poema, que en general mantiene la forma métrica habitual en los últimos libros de Guillén, suele estar estructurado de la manera siguiente: un plano real "relativo" en el que figuran incluso nombres propios, un plano absoluto en el que se expone (poéticamente, por supuesto) el "proyecto" metafísico, y un plano medio, traslaticio, en el que lo concreto transciende y funde realidad relativa y absoluta. El procedimiento es complicado, y su estudio, juntamente con el estudio de las apoyaturas semánticas y léxicas en que se articula, exige un trabajo de mucha más envergadura que el presente.

                Enrique Molina Campos: "La elocuente sabiduría de Rafael Guillén". Nueva Estafeta, nº 13. Madrid, diciembre 1979, pág. 92 a 95.

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            Al frente de su libro Donde habite el olvido, escribe Cernuda: "¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido...". Rafael Guillén, en cuya poesía el tema amoroso es uno de los más frecuentados, no podía menos de hacerse también esta pregunta, y él mismo se contesta en un extraordinario poema de su libro Límites (Col. El Bardo, 1971), para mí quizá el mejor de los suyos. Me refiero al titulado Donde sonó una risa. Donde vivió el amor y sonó una risa, nos dice el poeta, no queda sino el hueco, la nada ("Donde saltó la vida y luego nada"..."Donde sonó una risa queda un hueco, / un coágulo de nada..."). El tema del poema es, en efecto, el hueco como símbolo de lo que deja el amor al marcharse (no como símbolo -tal en Poeta en Nueva York de Lorca- de la falta de la verdad, de autenticidad en el hombre). Pero el hueco, en el poema de Guillén, no es sólo el vacío, la nada, sino también una serie de cosas, a veces metaforizadas, que flotan como recuerdos, o acaso como elementos oníricos relacionados con la aventura de aquel amor.

                José Luis Cano: "Un tema en la poesía de Rafael Guillén: la erosión del tiempo en el amor". Poesía española en tres tiempos. Editorial Don Quijote. Granada, 1984, pág. 197 a 202.

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            Límites es, probablemente, el libro más coherente y denso de búsqueda

-en las cosas, en los gestos- existencial de Rafael Guillén, que alcanza a desarrollar en sus páginas una teoría poética del conocimiento, sustentada en la intuición: ¡Enemiga razón, que así rechazas / los dones gratuitos!. Pero el libro cierra, en cierto modo, el ciclo iniciado con El Gesto. Tras él Guillén permanecerá en silencio hasta la publicación de Moheda en 1979, en donde el poeta, transido de vitalismo, como una muy distinta forma de conocimiento, se funde con las cosas, se empapa de realidad -¿posesión definitiva de su misterio?- hasta sentir cómo penetra el mundo por la piel. Parece como si a la etapa intuitiva, de aproximación, hubiese sucedido la etapa unitiva de éxtasis amoroso, que precisa, como toda mística, la expresión lingüística nueva que comunique lo inefable. Porque Moheda -y los libros o poemas que lo rodean- es en sí un universo poético nuevo. Nuevo y extraordinario.

                Mª. del Pilar Palomo: "Poetas de los cincuenta". Historia Crítica de la Literatura Hispánica. Vol. 21. La poesía en el siglo XX (desde 1939). Editorial Taurus. Madrid, 1988, pág. 139.

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            El término gesto podría significar actitud moral, pero en Guillén denota acto o movimiento del cuerpo. Para que éste se perciba como tal, necesita un espacio en el que realizarse y unos ojos que lo reconozcan en el espacio y en el tiempo. Gesto arrastra, además, la connotación de masa, de volumen y por tanto de forma. Su opuesto es lo hueco -ya señalado en la introducción (de Los alrededores del tiempo) por José Luis Cano-, la oquedad como vacío más que como espacio, a la que el poeta da también realidad visual y temporal. Gesto y oquedad se constituyen así en símbolos personales del poeta granadino... El tiempo sería un punto imaginario del que parten y en el que convergen, al mismo tiempo, infinitas direcciones -lo que tal vez nos llevaría a concluir que su movimiento sólo está en nosotros-, hipótesis que estudiará en los trece poemas de Variaciones temporales.

                Julia Uceda: "La poesía de Rafael Guillén". Insula, nº 514. Madrid, octubre 1989.

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            Para poder dotarlo (al nombre generacional de los cincuenta) de un significado más preciso y pleno, así como para liberarlo de las contradicciones internas a que está sometido, resultaría útil el aplicarlo, con intención cronológica, a todos los poetas que durante la década de los 50 dejaron constancia de una voz madura y personal. Ello haría posible explicar, por ejemplo, la adscripción de Francisco Brines, Alfonso Costafreda y Claudio Rodríguez al "grupo poético de los años 50" que estableció García Hortelano y, por otra parte, resolvería el problema de la catalogación de poetas valiosos que a causa de las dificultades de publicación o difusión de los años de la postguerra, o de la peripecia de su vida, no han tenido acceso hasta recientemente (o no lo han tenido aún) a un amplio público lector, tales como los ya aparecidos en estas páginas o los hasta ahora no citados: Alfonso Canales (n. 1923), Manuel Alvarez Ortega (n. 1923), Eladio Cabañero (n. 1929), Carlos Murciano (n. 1931), Rafael Guillén (n. 1933), Joaquín Marco (n. 1935), Jesús Lizano (n. 1931) y Rafael Soto Vergés (n. 1937). Es decir, poetas entre cuyas obras no existe el lazo de una estética común pero que pueden señalarse como representativos de distintas tendencias con las que es posible enlazar las obras posteriores de autores más jóvenes para hacer evidente la existencia (y la persistencia) de las corrientes de los años 50-60, que van a enlazar con las de los 70-80 siguiendo un juego de afinidades electivas que la periodización de la literatura en generaciones soslaya muchas veces.

                Pilar Gómez Bedate: "La poesía española de postguerra (1940-1970)" Historia de la Literatura Española. Vol. II. Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1990, pág. 1219.

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            Si parece evidente que sería de dudoso rigor afirmar que los poetas andaluces de los 50, poderosas individualidades, forman un grupo homogéneo, no es menos evidente que se pueden abstraer ciertos elementos comunes en su obra, pues hay en la serie poética por ellos creada cierto grado de cohesión interna que se superpone a la clara -y lógica- diferenciación individual... Entre ellos no pueden dejar de señalarse: a) La síntesis de vitalismo, sensualidad y actitud meditativa ante los problemas relacionados con la dimensión transcendente (Alfonso Canales, José Manuel Caballero Bonald, Manuel Mantero, Aquilino Duque, Vicente Núñez, Rafael Guillén)... d) La indagación también sobre las posibilidades de rendimiento poético-funcional del lenguaje. Puede guardar estrecha vinculación con la anterior: experiencia vital y experiencia lingüística indisolublemente unidas. Suele desembocar en un barroquismo expresivo -si bien éste se manifiesta con grados y matices diferentes- que genera la incorporación de referencias intertextuales, culturalistas (José Manuel Caballero Bonald, Rafael Guillén, Fernando Quiñones, Manuel Mantero, Aquilino Duque, Julio Mariscal).

                Elena Barroso: Poesía Andaluza de Hoy (1950-1990). Biblioteca de Cultura Andaluza. Editoriales Andaluzas Unidas, S.A. Sevilla, 1991, pág. 18-19.

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            "Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo", ha dicho Rafael Guillén en uno de sus más hondos poemas. Cierto. Mas esa belleza nos redime, nos permite "ser un instante" libres del melancólico perecer de cada segundo... Releo, aquí o allá, versos vivísimos, y me parecen recientes conocidos. Los que se refieren a las calles del Albaycín, por ejemplo, que "van todas para abajo y ninguna para arriba"; los de aquel perro "que se detiene, pensando si va o si viene"; la inesperada greguería de los "cipreses de caramelo / para el cielo de la boca". O aquellos otros de El gesto, pozos humanos donde todos podemos mirarnos, como los que dicen: "Mil años esperé frente a mi puerta / y yo, que estaba dentro, no me abría". Paso a otro libro y encuentro esta singular luz: "Medidme por las cosas que no tengo". Hoja tras hoja se suman los destellos: de pronto, "contra la esquina, un viejo de madera / lía otra vez la vida en el cigarro". Y agazapada en los rincones de poemas y libros, una palabra recurrente: "nada". Puesta con tacto finísimo, de paso y como quien no quiere la cosa, forma una recatada cadena de estremecimientos sin retórica: las trémulas vértebras que ocultan la médula del poeta.

                Antonio Buero Vallejo: "Rafael Guillén". Obra completa. Tomo II. Espasa Calpe. Madrid, 1994, pág. 1038 a 1040.

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            Desde su espléndido mirador albaycinero de la calle Carro -Azoteas en cal de Los papeles del Carro de San Pedro-, Rafael Guillén alcanzó ayer el Premio Nacional de Poesía...Sin aspavientos, sin ninguna boutade al uso de las letras de hoy, sin ridículos alineamientos, sin vociferar, sin apenas hacerse notar hoy triunfa un poeta que lo ha sido y lo es de cuerpo entero. Como lo fue en el otro siglo de oro en que vivieron los clásicos el difícil canónigo de la Colegiata del Salvador que, pese a su fama de ingenuo retraído, acudió a las academias de Madrid en los días de Lope en que casi los poetas llegaban a las manos. Este Rafael Guillén, el de la calle del Carro albaycinera, no llegaría nunca a las manos con nadie y ni siquiera va al Madrid en que se desperdician los dineros. Vienen a otorgarle el premio a su propio Albaycín; si está les abrirá la puerta y si le coge por rutas lejanas de cualquier otro continente, ya volverá no se sabe cuándo...Rafael Guillén nunca ha tenido prisa para nada, y al volver de Asia a lo mejor se queda hablando en alguna parte, pero siempre volverá a su oficio: cantar en poesía. Como volvía a su Toledo Garcilaso desde cualquier isla del Danubio.

                Antonio Gallego Morell: "Rafael Guillén". Diario Ideal. Granada, 15 de noviembre 1994.

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            Granadino de origen -nació en la ciudad del Darro en 1933- y arraigado en su provincia, Rafael Guillén ha forjado una obra no vinculada intencionalmente a una u otra estética -"No me considero adscrito a ningún grupo" declara él mismo en la entrevista que constituye la introducción a su Poesía Completa (1988)-, aunque por la fecha de su nacimiento puede ser incluido en la generación de "los niños de la guerra", la llamada "generación del 50"... A diferencia de otros miembros de su generación, en cuya obra posterior resultará bien visible el efecto traumático de aquel acontecimiento y de sus consecuencias: las humillaciones de la posguerra, en la poesía de Rafael Guillén la contienda civil y sus huellas sólo aparecen esporádicamente... Por el contrario, la obra de Rafael Guillén comparte con los miembros de su generación el amplio cauce de la poesía concebida "como acto de descubrimiento y conocimiento más que como mera comunicación", en palabras de Debicki, que establece la cronología generacional entre 1956 y 1971, fechas que coinciden con las de la publicación del primer libro de Rafael Guillén -Antes de la esperanza (1956)- y de Límites (1971), "genial por el modo y por la entraña", según Carlos Muñiz-Romero, en el algunos poemas -Abriendo paso al rayo y Cuando la niebla empieza a no ser nada- preludian la temática de Los estados transparentes.

                Ramón Oteo: "La puridad de la materia en la poesía de Rafael Guillén". Salina, nº 8. Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 1994, pág. 72 a 78.

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            A mi entender, dentro de la comunidad generacional (de los poetas de los 50) hay dos direcciones básicas que, con cuantos distingos quieran hacerse en el seno de cada una, registran sendos modos de poetización, con sus correspondientes maneras expresivas. Por un lado, están quienes mantienen con la realidad poetizada una ultraconsciencia crítica, resistiéndose a ser absorbidos por ella. Para evitar la evidencia sentimental y la emoción directa recurren a procedimientos varios: quiebros irónicos, viñetas históricas y culturalistas recreadas desde la subjetividad, ambigüedades, citas manipuladas, etc. Ejemplos de lo cual son Angel González, Gil de Biedma, el primer Valente, Fernando Quiñones, etc. Por otro lado figuran quienes se sienten conmocionados ante esa realidad, contiguos psíquicamente a ella, conformantes y no sólo escrutadores de la misma. Esta cercanía a lo real se revela en una poesía, visionaria o más serenamente contemplativa, centrada en los valores de la naturaleza y del hombre, la reviviscencia de la infancia, la solidaridad humana, la reflexión elegíaca... Pueden participar con los anteriores de una general llaneza expositiva, aunque no es inusual que la ausencia de sinuosidades intelectuales y de escollos retóricos donde se refracte la expresión del sentimiento confiera a sus poemas otras entonaciones, de todas maneras lejos del enfatismo: encendimiento y alacridad (primeros libros de Claudio Rodríguez); densidad escueta y pesimista (libros de la madurez de Carlos Sahagún); lacerante y vertiginoso irracionalismo (algunos títulos de Gamoneda o de Félix Grande); cavilación elegíaca y melancólica (Rafael Guillén, Francisco Brines).

                Angel L. Prieto de Paula: Poetas españoles de los cincuenta. Ediciones del Colegio de España. Salamanca, 1995, pág. 156-158.

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            Tenemos ya la materia ensamblada en el tiempo expresado como alma. Pero existe aún un tercer tránsito en la trascendentalización de tal materia, que explica la insurgencia de su estado decisivo, la subversión de su voluntariedad en tanto que copartícipe de la esencia humana, esto es, su universal transparencia. Constituye una alegoría, consecuencia dialéctica de la paradoja apuntada: que los objetos alienten humanidad, que sean signos indistintos de un mismo latir óntico. Tal alegoría precisa un término de correspondencia paralela, y éste es lógicamente el hombre: un tipo de hombre adánico, central a la materia, inmanente a ella, que copia su comportamiento en las extrañas transmutaciones que en ella se operan. Es, en suma, que la identidad del ego humano se desplaza a lo inerte, más que a la inversa. Es que la connotación pasa a ser denotación, que los objetos se humanizan y a su semejanza de criaturas mudas y desposeídas el hombre se comporta y mueve.

                Antonio Enrique: "Los estados transparentes, de Rafael Guillén". Insula, nº 577. Madrid, enero 1995, pág. 11-12.

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            Entre los muchos ángulos desde los que se puede iniciar una aproximación a la interpretación de la obra poética de Rafael Guillén, he escogido "La configuración de lo perdido", título de un poema suyo excepcional, porque sirve de gozne a multitud de ámbitos en su poesía. Este poema del libro "Límites" amplía una de las ideas fundamentales del pensamiento de Jean-Paul Sartre, aquélla que se refiere a la subjetividad del ser humano y su condena a la libertad y a la elección. Una vez que se elige, el resto de las posibilidades de elección queda anulado, porque lo que no es posible es no elegir, como Sartre afirma en "El existencialismo es un humanismo": La elección es posible en un sentido, pero lo que no es posible es no elegir. Puedo siempre elegir, pero tengo que saber que, si no elijo, también elijo. Rafael Guillén coincide con Sartre en este planteamiento en el que un acto de elección suprime a los otros, pero a diferencia de Sartre, Guillén tendrá una consciente lucidez de que lo elegido implica pérdida, desahucio, dolor, muerte de lo otro posible y, por tanto, límite del ser. Y a pesar de que lo perdido sea irrecuperable, Rafael Guillén intuye que permanece de alguna forma y que nos llama desde el borde de la niebla.

                Francisco J. Peñas-Bermejo: "La configuración de lo perdido en la poesía de Rafael Guillén". Alaluz, año XXVII. nº 2. University of California. Riverside (USA), otoño 1995, pág. 41 a 50.

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            El tiempo no ha dejado de ser uno de los grandes temas de la poesía y del arte en general, puesto que el hombre no es otra cosa que tiempo y memoria. Pero en Guillén se da un matiz que, en cierto sentido, parece modificar al tiempo: el espacio. Rafael Guillén crea espacios donde hubo o pudo haber tiempo. Busca espacios para asentar lo verdadero aunque esa verdad no haya llegado a ser histórica... Estas notas me parecerían incompletas si en ellas no me detuviese en lo que he llamado rito mágico de la configuración ni en el concepto de que aquello que no pudo ser histórico sea también verdadero en la poesía de Rafael Guillén. Como es sabido, la experiencia no se genera únicamente dentro de los límites del mundo racional, pues conocemos realidades que pertenecen a otro nivel y niveles que se abren a la otra mitad de lo que solemos llamar realidad... Poesía difícil la de Rafael Guillén que siempre va directa a lo indirecto, metáfora del mundo en la que éste parece aún más verdadero.

                Julia Uceda: "Anotaciones para una lectura de la poesía de Rafael Guillén". Prólogo a La configuración de lo perdido (Antología 1957-1995). Edita Sdad. de Cultura Valle Inclán. Col. "Esquío". Ferrol, 1995, pág. 9 a 18.

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            Es posible que en estos contactos tuviesen su origen las reuniones que se celebraron en el carmen de "Las tres estrellas". La exposición se inauguró en junio, y esas reuniones se iniciaron en el verano de 1953. Además, prácticamente, todos los poetas que frecuentaban las reuniones del carmen figuraron en la exposición: Ladrón de Guevara, Rafael Guillén, Julio Alfredo Egea... De estas reuniones nació "Versos al aire libre", un grupo poético que nunca sintió la vocación claustral de Soto de Rojas. Si el carmen de "Las tres estrellas" fue alguna vez "paraíso cerrado", los poetas de "Versos al aire libre" abrieron de par en par sus puertas. Más aún, escaparon de él para invadir los centros culturales, las tabernas y las calles de Granada. Cuando refrescaron los vientos albaicineros, los poetas al aire libre buscaron refugio en la Casa de América, donde se reunían cada jueves... Con el título "Elegía a un grupo", José G. Ladrón de Guevara publicaba en Patria, el 29 de abril de 1956, un artículo en que certificaba su defunción.

            Por otros rumbos iban las pretensiones editoriales que se originaron en "Versos al aire libre". Dos de sus poetas, Rafael Guillén y José G. Ladrón de Guevara, crearon una colección de libros de poesía, "Veleta al Sur". Otra empresa editora similar a las Ediciones Cam. Tampoco había "posibles" y aquello funcionó de tal modo que llegó a rebasar ampliamente los años cincuenta. Todavía en 1966 hacía la colección su camino. Más aún, instituía el premio "Veleta al Sur" para poetas inéditos.

                Antonio Aróstegui: "Versos al aire libre". La vanguardia cultural granadina 1950-1960. Biblioteca de Ensayo, nº 10. Fundación Caja de Granada. Granada, 1996, pág. 213 a 229.

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            Quedaría exclusivamente muy circunscrita la poesía de Rafael Guillén si la interpretáramos sólo desde estos presupuestos "excesivamente existencialista". Hay que reclamar un análisis, cuando menos simultáneo, del elemento mágico en los poemas guillenianos. Precisamente por esa misma configuración de lo perdido. Lo no patente encierra una dosis de inquietante magia, de incertidumbre de lo milagroso o lo misterioso. El misterio está patente en el ámbito de lo no evidente, de lo dado por perdido, ¿de lo rechazado? Las evidencias realistas, en el caso de la poesía de Guillén, no eliminan ese registro capaz de desarrollar la sorpresa.

                Manuel Jurado: "Recuperación de lo perdido". Diario Córdoba (Suplemento "Cuadernos del Sur"). Córdoba, 14 de marzo 1996.

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            Rafael Guillén publica un libro extraordinario, Los estados transparentes, que en su versión incompleta de 1993 había alcanzado el Premio Nacional de Literatura... Desde el primer poema hay una tensión emotiva sin cesar a base de encabalgamientos sucesivos y un léxico denso que no usa la superabundancia sino la esencialidad y la hondura, además de unas imágenes tenues y profundas que captan relaciones prodigiosas e iluminadoras... El mundo entero se encuentra en vilo, en trance, iluminado, ante esta mirada acuosa, esta poesía silenciosa, de términos desnudos, y el mundo se muestra como infinitos mundos, el tiempo repleto de resonancias, y la materia llena de atención. Es uno de los pocos libros que realmente trastorna y añade algo en nuestro interior, abre alguna puerta.

                Antonio Acosta Gómez: "Entre el fuego y el humo". La Estafeta Literaria, nº 5-6. Madrid, 1998, pág. 64.

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            La poesía representa para Rafael Guillén la posibilidad de iluminar, más allá de los límites de la conciencia, sus intuiciones y expresarlas en forma de poema cuando el poeta se encuentra "en situación de lluvia", "en personal estado de palabra", como recoge el poema "El origen" (Tercer gesto)... Guillén cuestiona el convencionalismo de lo que llamamos realidad y afirma su creencia en la otra mitad de lo visible, aquello desconocido que escapa a la razón, pero que, sin embargo, se manifiesta intuitivamente en vislumbres del total conocimiento a través de la búsqueda de "un punto / de apoyo, que esté fuera / del universo" ("La voz de lo invisible", Límites)... En Temporal, Guillén despliega una final noción unitaria del tiempo en la que sus límites son relativos o no existen y los sucesos presentes modifican no sólo el futuro sino también el pasado. Julia Uceda llega, asimismo, a esta conclusión cuando escribe en su "Introducción" (a La configuración de lo perdido. Antología (1957-1995): "¿También somos responsables del pasado que nunca ha sido nuestro? ¿Puede tener el hombre la responsabilidad de todo el tiempo, incluso si éste no forma parte de su memoria? Esta intuición terrible parece avanzar en la poesía de Rafael Guillén". De nuevo surge esa angustia al elegir que se mencionó anteriormente, porque puede alterar futuro y pasado si se acepta esta línea de pensamiento.

                Francisco J. Peñas-Bermejo: "El asedio a los límites en la poesía de Rafael Guillén". Introducción a la nueva versión revisada y ampliada de Los estados transparentes. Edit. Pre-Textos. Valencia, 1998, pág. 9 a 34.

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            Versión renovada y sustancialmente ampliada de la obra (Los estados transparentes) con la que Rafael Guillén (Granada, 1933) obtuvo, en 1994, el Premio Nacional de Literatura... Sobre el fondo de los cuatro elementos clásicos, tierra, aire, fuego y agua, se alza un verso, ajustado de métrica y de ritmo, eficaz, que busca la otra vida que esconden y viven los objetos: existir paralelo y superpuesto al que les adjudicamos, y lo invisible -que no fantaseado- frente a lo visible, lo tangible con el pensamiento frente a lo táctil con las manos. No es "la transparencia, dios, la transparencia" del Nobel de Moguer; la propuesta de Guillén es sombra de caverna de la teoría sobre la transformación, no creación ni destrucción, de la energía; nada -viene a decirnos- muere, tan sólo se torna hialino, transparente.

                Juan Cobos Wilkins: "La materia hialina de Rafael Guillén". El País (Suplemento "Babelia"). Madrid, 6 de febrero 1999.

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            La segunda generación española de postguerra está formada por los poetas nacidos entre 1924 y 1938. Se constituye como tal en el transcurso de la década del cincuenta y primer lustro del sesenta, y la protagoniza, sobre todo, lo que se ha llamado la generación o el grupo poético del cincuenta (Angel González, José Manuel Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Angel Valente, Francisco Brines, Claudio Rodríguez), y también otros poetas, muchos de ellos andaluces, que por diversos motivos han quedado desligados de grupos, como Julio Mariscal, Angel Crespo, Eladio Cabañero, Fernando Quiñones, Rafael Guillén, Félix Grande, etc.

            Rafael Guillén... en su último libro, Los estados transparentes (1993), Premio Nacional de Literatura, escribe una poesía reflexiva y emocionada que indaga, con una característica sintaxis que ajusta su andadura verbal al discurrir meditativo, en el misterio de la existencia humana.

                Abel Feu: Panorama de la poesía andaluza desde la postguerra hasta la actualidad. Col. Educación XXI (Pensamiento, nº 7). Consejería de Educación y Ciencia. Junta de Andalucía. Sevilla, 1999, pág. 51 y 68.

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            La lectura sosegada de los poemarios de Guillén, desde "Pronuncio amor" y "El gesto" hasta "Moheda" y el último y galardonado "Los estados transparentes", pasando, entre otros, por "Los vientos", "Límites" y el antológico "Los alrededores del tiempo", muestra, además, junto a la orfebrería que engarza equilibrio y profundidad en el venero del verso libre, un objetivo irrenunciable en la tarea del poeta: identificar y explicar lo tangible y lo impalpable mediante las palabras, tomando a éstas como mojones para fijar las lindes de todo lo percibido y existente. Este objetivo, no tan común a todos los poetas como podría parecer a primera vista, corre en Guillén paralelo a la necesidad de reintegrar al hombre a cierto círculo cósmico -ya vislumbrado magistralmente por Juan Ramón- para el que posiblemente fue creado. De ahí también otra singularidad próxima de nuestro poeta: la inclinación a un panteísmo de alta hechura, muy por encima de la simple extrapolación del espíritu a los objetos en principio inanimados, y centrado en la consideración global y pormenorizada a la vez de las cosas, y en la búsqueda de los hilos de conexión de éstas entre sí y de todas ellas con la energía de lo -si se me permite la expresión- divino.

                José Manuel González: El viento entre los juncos (Libros y autores para el cambio de siglo). SIAL Ediciones. Madrid, 1999, pág. 295 a 297.

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            Porque nada muere si, como hace Guillén, despreciamos nuestras pobres verdades y nos apropiamos de los dogmas de los dioses. El tiempo, por ejemplo, ya no será un río que arrastre sus aguas manriqueñas al mar del morir, sino un estanque en el que se aquietan los momentos del pasado y del presente y del futuro. Entender el tiempo menos como sucesión de instantes que como simultaneidad, nos consiente revivir lo que fue, pero nos condena a una servidumbre que nos aterra y sobrepasa: reconocer nuestra responsabilidad en los hechos de un pasado en el que nunca estuvimos, como se pone de manifiesto en el poema "Cristal romano".

                Fernando Sánchez Alonso: La memoria que ellos me dejaron. Semblanzas de 50 poetas del siglo XX. Edit. VIMASA. Madrid, 2000, pág. 195 y 196.

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            El libro (Tiempos de vino y poesía. Prosas granadinas) se abre con una introducción, plena de sabiduría... A estas alturas de su vida, después de haber transitado con dignidad por el espacio minado de una larguísima postguerra, el poeta escarba en los huecos de la memoria para rescatar los ecos vitales de lo divino y de lo humano, el sonido ya apagado de las juveniles carcajadas y los restos de una grave y esencial mirada sobre el universo granadino, sin engaños, mirada que nuestro autor quiere inmisericorde pero que se torna a veces compasiva y en todo caso llena de inteligente ternura. Esto explica que aborde el radical problema de la naturaleza de su discurso, señalando el amplio territorio existente entre mentira, ficción y verdad. Por esta razón se resiste a identificar el cultivado arte de la memoria con la verdad, no confundiendo por ejemplo persona con personaje, pero tampoco desprecia la verdad de los recuerdos.

                Antonio Chicharro: "Rafael Guillén: memoria y poesía". Extramuros, nº 22. Granada, 2001, pág. 72 a 75.


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"I'm Speaking" es el mejor libro de poesía que he visto en veinticinco años. Cuando me sorprendo blasfemando e insultando al poeta por escribir versos que yo debería haber escrito, sé que estoy frente algo muy importante. El hijo de perra. Desearía saber más maldiciones de camellero.
Hablando como traductor, siempre he mantenido que el objeto del proceso es crear una poesía que sea espléndida en inglés (este es el caso), encontrando alma y argumento en otro recinto de la Torre de Babel... Como Browning y muchos otros, Guillén escribe poemas como "Signos en el polvo" que se resisten a ser recordados sólo por una imagen o por un verso. Sin embargo, sus poemas más resonantes son los más resueltos en imagen y acompañados por "el verso poderoso" de Marlovian.
Este es un poeta que, en la línea de Joyce, "...lo ha leído todo y no ha olvidado nada." Sus argumentos se mueven a veces con indicios de Amichai y a veces con alguno de Milosz (especialmente de su última obra). Uno sabe que ha leído a los simbolistas desde La Forgue pasando por Rilke hasta Stevens y Roethke. Sin embargo, en Guillén metafóricamente predomina la razón más que en cualquiera de ellos.

Michael Yates: "I'm Speaking: Selected Poems. By Rafael Guillén". www.Alsop Review. U.S.A., november 2001. Reproducida en español en Ficciones, nº 9. Granada, 2002, pág. 29 a 31.

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En la obra de Guillén hay un trallazo de emoción que uno no encuentra ni en la poesía de los Estados Unidos ni en la de otras partes de España... A menudo parece que sus poemas son impulsados por un terror a lo que no existe -no me refiero a la muerte, la muerte es fácil-, a la forma en que una sombra solo existe parcialmente, como si el narrador temiese estar hecho de humo, o como si sintiese que sus percepciones no las comparte con nadie; no porque sean especiales, sino porque no tienden ningún puente a su aislamiento existencial, como si todos fuéramos fantasmas que tratan de tocarse y ven cómo sus manos pasan a través unos de otros.
De nuevo pienso que ningún americano tendría el coraje de escribir el verso "Todo lo bello es triste mientras exista el tiempo". No porque sea un gran verso o porque los americanos sean cobardes, sino por la fuerza de expresión del estado emocional... Leer a la mayoría de mis contemporáneos americanos es como vivir en una pequeña ciudad -crecí provinciano-. Tanto como leer a Guillén por placer, necesito leerlo para ver lo que es posible en poesía; lo que yo, como poeta, trato de alcanzar.

Stephen Dobyns: "I'm Speaking: Selected Poems by Rafael Guillén". Harvard Review, nº 22. Cambridge, MA, U.S.A., Spring 2002, pág. 192 a 194.

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® Daniel Rodríguez Moya 2002. Todos los derechos reservados